“Estoy absolutamente seguro de que el cambio de rumbo sólo puede lograrse a través de la enseñanza. Sus objetivos principales son:
- Consolidación de los principios éticos del hombre
- Profundización de la democracia
- Construcción de la identidad nacional y unidad latinoamericana
- Generalización de la justicia social
- Transformación económica con elevación de los índices de productividad y mayor equidad distributiva”
(Rene Favaloro - Don Pedro y la educación)
La alfabetización es el único camino para escapar de la pobreza, dado que ayuda al desarrollo personal, emocional, social y económico.
Ser educador hoy es tener voluntad para comprometerse en unos aspectos determinados. Ser responsables de ayudar a progresar a niños y niñas, prever sus programas y actividades para que respondan a sus necesidades y a sus gustos, en fin, estar preocupados por cada uno de ellos.
En un momento de la humanidad en que la velocidad de los cambios culturales, sociales y económicos, acarreados por la globalización, no dan tiempo al lento acomodamiento eficaz de las conductas humanas, donde el contexto tecnológico y el avasallamiento de información ahoga o por lo menos sofoca con sus luces y formas multi-mediáticas, el valor de la educación y la educación en los valores, derechos y deberes vuelve a ser un lugar de anclaje, de bolsón de aire que nos permite respirar.
Vivimos en un sistema desarmónico entre nuestras expectativas y la posibilidad de logros.
Estamos invadidos, en forma constante, por la publicidad, las propagandas, las promotoras, en un torbellino de consumo sacralizado, y si vamos a hablar de sagrado, debemos construir nuestros templos. Nacen así los shoppings, centros comerciales, hiper-hiper mercados, donde algunos productos siguen siendo sagrados, ya que nunca los podremos alcanzar, y donde terminamos con “la ñata contra el vidrio” y/o dando vueltas en círculo sin saber por donde salir. Pero eso sí, ¡anduve de shopping!
Con todo este lastre que constituye nuestro diario andar, tenemos en cuenta dos dimensiones en la educación. La educación como un motor de reproducción e integración social al sistema, y por otro lado, la educación como liberadora y potenciadora del crecimiento personal y colectivo, produciendo cambios sociales, culturales y políticos que generan el progreso en los ámbitos como el de las libertades, los derechos, las criticas, la participación y control del poder de los ciudadanos.
Educar en deberes y derechos, tarea nada simple, ya que estamos en un mundo de inmediatez, y los procesos de cambios generados en la educación tiene sus verdaderos frutos a mediano y largo plazo, diluyendo el encanto de la misma frente a aquello que esta sociedad nos enrostra en cada momento, siempre con la zanahoria delante de nuestros ojos sin poder alcanzarla.

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