"Juro solemnemente que desempañaré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y lo haré con la mejor de mis habilidades para defender la Constitución de los Estados Unidos. Dios me ayude"
Pese a la seria y profunda crisis económica y financiera que padece EE.UU., Obama quiso dejar muy en claro que: "Seguimos siendo la Nación más próspera y poderosa de la Tierra". Y que pese al terreno que EE.UU. perdió en la escena internacional -debido a la Guerra de Irak y a la manera en que se violaron los derechos humanos de los detenidos en Guantánamo y en Abu Ghraid- está "listo a asumir el liderazgo una vez más". Para Obama, EE.UU. "tiene que desempeñar su papel en el alumbramiento de una nueva era de paz".
Obama representa un cambio fundamental para la historia de EE.UU. la asunción de un presidente negro. Siempre se mostró como el candidato del cambio y no el representante de una minoría. En su discurso de asunción sólo hizo referencia a ese hecho cuando se refirió a sí mismo como el hombre cuyo padre hace menos de hace 60 años atrás "no habría podido entrar a un restaurante y que ahora está parado frente a ustedes tomando el juramento más sagrado". El mundo entero también lo vio así.
Y no es poca cosa si uno piensa que hombres y mujeres con el mismo color de piel que el nuevo mandatario eran esclavos hace menos de 200 años y tenían negado el voto hace menos de cincuenta.
Defender la democracia y la Constitución -los derechos individuales que ampara- no pasa por asumir las prácticas inhumanas que se le adjudican al enemigo. No es bueno resolver el problema del canibalismo comiéndose a los caníbales, pareció evocar.
“El mundo ha cambiado y nosotros debemos hacerlo", dijo Obama. Al recordar que ya no conviene preguntar si el Estado debe ser "grande o chico" sino interrogar "si cumple su cometido de modo eficiente"
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