Si tus planes son por un año... siembra granos y cosecharás....

Si tus planes son por diez años... planta un árbol...

Si tus planes son por cien años... educa al pueblo...

“La corrupción de la inteligencia es la más grave de todas las corrupciones,

pues ella es causa de todas las demás”

septiembre 10, 2008

UNA EDUCACIÓN PARA EL ENCUENTRO

a la luz de Aparecida

Fuimos evangelizados para evangelizar. Debemos ser misioneros puertas afuera. Una Iglesia que funciona como un kiosco con horario bancario no es un iglesia misionera y evangelizadora.

La misión de la iglesia es la de anunciar el evangelio para garantizar la relación entre fe y vida, en la persona y en el contexto socio-cultural en que se desarrolla.

La crisis educativa en América Latina fue en aumento debido a los cambios económicos y sociales de las políticas de los últimos años. Cambios que han obligado a nuevas reformas educacionales impulsadas para adaptarse a las exigencias de la globalización.

Debemos establecer un contrato de trabajo serio entre Estado-Docentes-Iglesia-Familia

La educación humaniza y personaliza para que el ser humano humanice su mundo, produzca cultura, transforme la sociedad y construya la historia. La formación y promoción humana de la cultura debe insertarse en la vida misma de la sociedad y de cada niño y joven.

Nos encontramos con jóvenes faltos de compromiso y sumergidos en la violencia cotidiana de una sociedad latinoamericana que busca hacerse su lugar a la fuerza

Se necesita educación de calidad para todos, especialmente para quienes menos tienen.

Debemos recuperar el valor de la familia, la vida, el trabajo, el compromiso, etc.

La educación católica debe conducir, a los niños y jóvenes, al encuentro con Jesucristo vivo. Debe guiar desde la construcción de la personalidad, teniendo a Cristo como referencia y sin perder la excelencia educativa.

Debemos anunciar a Cristo como el hombre perfecto en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización y su unidad.

La educación católica debe rescatar la identidad católica a través del impulso misionero

Que la comunidad educativa asuma su rol de formadora de personas libres, promotoras de una sociedad más justa y más fraterna. Comunidad formadora de discípulos y misioneros que susciten un servicio pastoral en cada ambiente en que se inserta., especialmente de los jóvenes, la familia, la catequesis y los más pobres.

Educar desde casa. Los padres, primeros y principales educadores, asumen la responsabilidad de educar por el sólo hecho de haberles dado la vida. Educación familiar, como primera escuela de virtudes sociales. Es un compromiso irrenunciable.

Educar acompañados por el Estado desde la protección y libertad de los derechos. Invertir en políticas educativas que permita escoger en medio de una pluralidad de proyectos educativos. Invertir en mejores escuelas, más vacantes, menos deserción, en la erradicación del trabajo infantil y en planes de salud que busquen una mejor calidad de vida para cada niño.

La desigualdad social del hambre amenaza gravemente el derecho a la vida y a la dignidad humana. Sin una infancia sana es impensable una Argentina mejor. Porque un país que le es indiferente a sus niños es un país que se condena a sí mismo.

Educar a la luz del Evangelio porque es necesaria una pastoral escolar que acompañe la vida y el caminar de la comunidad educativa, en cualquier lugar que se encuentre. Especial interés por las comunidades más alejadas y abandonadas.

Que la educación católica no pierda, en la vorágine comercial, la identidad pastoral y misionera de la Iglesia. Debemos ser un faro en la fe de los chicos.

Conocerse con Jesús || Emprender un camino de evangelización donde se geste una relación mutua entre Dios y el niño para que el conocimiento sea recíproco y el intercambio de fe sea filial. Un camino que comienza en el jardín de infantes y acompaña hasta la primera comunión.

Encontrarse con Jesús || El momento más importante de la infancia es aquel cuando el niño se ve “cara a cara” con Jesús en la Consagración. Un momento que lo completa y le llena de gozo al recibirlo en la Eucaristía. Pero que la comunión no termine con la fiestita familiar. Es obligación, y un desafío, lograr que el niño continúe en un camino de perseverancia y de encuentro amistoso con el Señor. En este tramo del camino debemos acompañar al niño hasta el primer año de la secundaria.

Vivir con Jesús || Ya estamos grandecitos, no tenemos la excusa de que papá o mamá no me pueden traer a misa. El desafío se torna cuesta arriba. Los chicos viven bombardeados por un mundo real que sobrepasa valores, normas y modelos. Es ahí cuando el acompañamiento debe ser más fuerte y a la par del chico. Caminar delante puede significar que no tenga las herramientas para saber guiarlo, caminar detrás me puede llevar a no seguirlo, simplemente hay que caminar al lado para saberlo acompañar. Durante toda la secundaria el acompañamiento ayuda al crecimiento, no sólo espiritual sino también personal del chico. El chico crece, se desarrolla, genera y vive conflictos… ahí debemos estar con nuestra fe y de la mano de Cristo.

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