Una vez más la intolerancia se apoderó de la cordura y cortó rutas, copó la plaza y removió viejos resentimientos que estaban al acecho.
Volvieron los unitarios y los federales, los gorilas y los zurdos, los negros y los blancos. Volvió la prepotencia y el insulto barato. Volvimos a demostrar que no hemos aprendido nada de los males de la historia,… de nuestra historia.
Nos guste o no, el campo hizo grande a este país y más de una vez nos ha sacado de una crisis. Pero esto no es sólo una cuestión de retenciones y colores de piel, hay algo mucho más profundo en nuestra historia y en cada uno de nosotros. Siempre hemos estado enfrentados entre nosotros y la estocada más aguda comenzó a hundirse aquél 24 de marzo del 76… y todavía sangramos por la herida.
El Gobierno apoya el corte de los transportistas. No manda gendarmes ni aplica la Ley de Abastecimiento a los piquetes de transportistas contra el campo. El ministro del Interior los calificó de “legítimos”. Faltará leche, carne y combustibles.
Según el Diario Critica, la federación santafesina de transportistas les mandó un fax a sus afiliados: “Estamos prohibiendo la total circulación de transporte en general, preferentemente leche, carne, combustible y químicos.”
Ahora bien, para este gobierno existen dos tipos de reclamos: el “legítimo”, que abraza la violencia política de la extorsión mafiosa y el “golpista”, de todos aquellos que no piensan como este gobierno… y se lo dicen en la cara. ¿En qué país vive el matrimonio Kirchner?
Hace 85 días el campo dijo basta y salió con su bronca, su angustia, su hartazgo a poner un freno a la prepotencia de un gobierno que todavía piensa que todo aquel que no comulga con su resentimiento setentista y su proyecto de país, es golpista. Este “proyecto de país”, así planteado por los K, no es para nada democrático.
El famoso aparato político necesita de la degradación de la persona humana para comprar las voluntades políticas a la hora de votar, de manifestarse, de vivar al gobierno de turno.
Son carroñeros de la dignidad porque, como todo animal o ser humano de carroña, se alimentan de la corrupción del cuerpo ajeno. De la corrupción de las mentes, de la corrupción de su inteligencia, de su libertad como ciudadano. Los llevan y traen a los actos, les dicen a quien votar, los manejan como títeres de trapo viejo,… los usan para sus fines políticos y comerciales.
No nos puede hablar,

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