Nos movemos, como sombras chinescas de la realidad, en un andar diario y continuo. Nos movemos, agazapados, esperando zafar del otro o buscando acechar al más débil, al desprevenido.
Todo el trajín cotidiano que cargamos sobre nuestros hombros nos convierte en cazadores urbanos de una felicidad de papel que se deshace al primer sudor, a la primera lágrima y se hace inteligible cuando la acomodamos, desprolija, en el hueco de un bolsillo.
¿Cómo sombras chinescas? Sí, porque nuestros cuerpos, cuando juegan con el sol, representan sombras en un movimiento de seres que buscan una realidad que los cobije.
Una realidad que va de la mano con las soledades y los amores. Una realidad de luces y sombras agridulces.
La rutina, el agobio y el cansancio nos llevan a que cada mañana nos maquillemos, pongamos una sonrisa de plástico y representemos al mejor personaje que tengamos a mano en ese momento. Cuando se apaga la luz nos damos cuenta que estamos solos y que muchas veces actuamos para que nos “acepten”. Preferimos encerrarnos en nuestro mundo sin maquillajes pero detrás de la máscara interactiva que nos regala Internet.
¿Lo malo? Nos acostumbramos a estar solos, a tener miedo de compartirnos a nosotros mismos y, entonces, esa máscara y ese maquillaje nos comienza a asfixiar y nos alejamos de lo que realmente queremos, de lo que realmente somos.
Hay veces que nos acostumbramos a estar solos, nos distiende y relaja. Un mal síntoma, capaz, es sentirse solo aún rodeado de gente.
Cuando somos chicos nos inclinamos a disfrutar de momentos en soledad. Pero nos duele cuando vemos que nos alejamos tanto de los demás como para terminar sintiéndonos extraños en nuestro propio suelo.
Tenemos ese no-se-que de buscarnos un tiempo para estar solos con nosotros mismos o con nuestra circunstancia.
Buscamos esa actitud de independencia gatuna que nos permite elegir con quien estar, cuando, como y donde.
¿Cuándo es el tiempo de decir basta y adiós? Cuando aquellas pequeñas molestias, a las que no le dabas tanta bola, comienzan a sentirse a flor de piel. Cuando te resulta más interesante cualquier pedorrada de
Sé que cada uno debe tener miles de ejemplos pero creo que lo importante es no forzarse a continuar pensando que el problema es sólo uno mismo, que la mentira sale de casa, que ya va a pasar.
Ahí comienza a sacudirnos la incomodidad del corazón, de un corazón que siente alejarse de esa otra persona y de los proyectos en común que pensaron a futuro.
LET IT BE. Permitile ser libre y permitite ser libre vos también.

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