La coherencia en la comunicación política a través de los discursos de campaña y de la vida diaria de un político.
Lamentablemente nos destacamos por ser una sociedad…:
- …con una actitud política, generalmente, cíclica.
- …que nos desvive la situación económica. Antes que al candidato, nos interesa conocer al ministro de economía y cual será su plan de trabajo.
- …de fácil convencimiento, ya sea por ideologías opuestas, partidismos, asistencialismo o especulación económica. No tenemos memoria, sólo resentimiento.
- … que nos cuesta vivir en una democracia participativa donde se respete el lugar y los derechos de los otros.
Pero no todo es malo, somos una sociedad solidaria que se conmueve ante el dolor del otro. Y eso es muy importante.
Obviamente esta es una mirada general, y nada estadística, de lo que se muestra en el día a día y en cada rincón del país. Se dice que el porteño es más soberbio, que en el conurbano hay más corrupción y más violencia y que en el interior del país hay más solidaridad, más vecindad y unidad. ¿Esto es lo que somos? ¿Tenemos lo que elegimos?
Si bien la credibilidad se encuentra en aquello que le llega al votante y no en el currículo del candidato, la estrategia a desarrollar será que el candidato se debe mostrar transparente, directo y sencillo en cada alocución. Su discurso debe adaptarse al auditorio que lo acompaña. Se sabe que es difícil la llegada a la gente de ciertos candidatos en zonas donde el populismo asistencialista es rey y señor feudal del lugar. Sólo la palabra lisa y llana nos ayudará a tener un contacto más directo. Esa gente no entiende de tecnicismos ni estadísticas.
El candidato debe ser cercano a la gente, demostrar un verdadero interés por los problemas que le plantea cada vecino en cada lugar al que llega. La gente ya está cansada del mero interés político de los problemas.
En un país como el nuestro, el candidato no debe ser chatarra política sino, más bien, debe ser una presencia fuerte que salga de los esquemas y que no venga tan manchado por la historia política del país. El problema principal para gobernar, es un problema de gestión y administración del país. Se necesita un político que sepa escuchar al politólogo (es quien mejor conoce la administración de la política), un candidato que sea menos economista-leguleyo y más administrador.
El mensaje central es parte de la estrategia en cuanto a preparar un discurso que involucre a todos, sin refritos políticos ni marketing hollywoodense.
Los ejes del mensaje deben ser la educación, la salud y la justicia porque son la base de una sociedad sólida. El derecho a aprender se encuentra en
La salud y el bienestar de la gente es parte importante, también, en una nación que necesita del trabajo para crecer económicamente. Un buen estado de salud del cuerpo genera mejor disponibilidad para enseñar y para aprender y mejor rendimiento de trabajo y participación. Una persona que aprende a cuidar de su salud vela por la salud de sus seres queridos.
Todo queremos ser parte de una nación más justa y equitativa. Todos queremos un gobierno que apueste al cumplimiento de las normas desde el aporte del ejemplo. Todos queremos una justicia que no esté subordinada al poder político de turno.
Si enseñamos a pensar, si enseñamos a ser justos y a reclamar justicia, si enseñamos a cuidarnos para rendir más, vamos por un buen camino. Eso sí, debemos enseñar con el ejemplo porque es la mejor manera para que el otro aprenda. Con una política de educación, salud y justicia bien trabajada se genera una sociedad económicamente productiva.
Más allá del periodista y el candidato opositor quien es el receptor del debate o la entrevista es el votante, él tiene la última palabra.
No se en este país cuantas elecciones se pueden ganar con un mensaje/idea similar al presentado en este trabajo. Creo que en algunos lugares se puede. No se si seré tomado por un estúpido utópico o como una alternativa política. Pero lo que sí sé es que con esta manera de pensar y de vivir puedo irme a dormir tranquilo cada noche. Porque expresé lo que sentía y lo que pensaba, porque no hice promesas falsas, porque no me metí en el juego de “engañando por un voto”.
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