La ciudadanía demostró, una vez más, que no le tiene miedo a la política sucia (vieja política, por cierto) de la difamación y el resentimiento.
La arrogancia petulante que tiene este oficialismo perdedor no les permite otra cosa que no sea querer tapar el bosque con el dedo y sin dejar de mirarse el ombligo.
Las sociedades del mundo moderno, creo yo, están más allá de las ideologías de izquierda o de derecha. Esas sociedades, maduras, buscan el cambio en los valores, los derechos y las obligaciones. Esta es nuestra oportunidad de madurar como sociedad y como país, no podemos desaprovecharla.
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