El Niño Dios, desde la sencillez y la pobreza del pesebre y hasta el Amor más pleno desde la Cruz , nos atrae hacia Él de una manera especial. A los humildes y pobres, como los pastores, y también a los “grandes” que se hacen pequeños, como los Magos de Oriente.
María tuvo la valentía y la decisión de decir SÍ sabiendo del tole-tole que se le podía venir debido a la forma de pensar de la época.
José fue el primer Padre del Corazón, la de él fue la primera adopción de la historia. El Padre de la fe y el silencio, de la comprensión y del aguante. Dios quiso que al “Si” de María lo acompañara el “Si” de un varón, que llegando a la puerta del misterio, quedándose en el umbral, le ofreciera la garantía de la dignidad. Ese varón es San José. En José descubrimos al hombre que se implica, totalmente ante la vida y al servicio de la vida, que custodia a esta mujer, que es su prometida (después su esposa) y a este niño que es el Hijo de Dios, el Dios con nosotros, el Señor Jesús, el Verbo hecho carne.
Los pastores no eran de lo mejorcito de la época, su fama no era la más brillante,. . . y a Dios eso le importó. Le importó porque sabía que ellos eran la imagen de los desprotegidos y eran quienes seguro lo iban a recibir con alegría y los brazos abiertos.
Los Reyes Magos eran llamados los sabios de Oriente. Y lo demostraron!!! ¿Por qué? Porque tuvieron la sabiduría y la modestia suficiente para ver, con el corazón, la llegada del Niño Dios.
Nosotros queremos celebrar este día en familia y agradeciendo por la vida que Dios nos regala. El 25 queremos manifestar nuestro compromiso con el Dios de
Que esta sea una Navidad muy plena de gracia que nos lleve a todos a un encuentro con el Niño de Belén, en la contemplación de su Rostro y en la experiencia de su ternura.
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